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El jazz, ese lenguaje sonoro nacido del alma y la resistencia, celebra hoy su día internacional. Desde 2011, cada 30 de abril, la UNESCO invita al mundo a rendir homenaje a este género que va mucho más allá de la música: el jazz es sinónimo de libertad, diálogo, respeto y diversidad cultural.
La celebración de este año tiene lugar en Tánger, Marruecos, ciudad anfitriona del concierto global oficial que reúne a artistas consagrados y nuevos talentos de todos los continentes. El evento será transmitido a nivel mundial y se espera que llegue a más de 100 millones de espectadores, gracias a la colaboración de medios, plataformas digitales y organismos culturales.
Pero más allá del espectáculo, el Día Internacional del Jazz es una jornada de reflexión. Según la UNESCO, esta música se ha convertido en una herramienta poderosa para la educación, la inclusión social y la resolución pacífica de conflictos. En palabras de la directora general, Audrey Azoulay:
“El jazz nos enseña a escuchar, a crear juntos y a convivir. Es una escuela de ciudadanía.”
En Colombia, distintas ciudades se han unido a la conmemoración con conciertos al aire libre, talleres, charlas y presentaciones estudiantiles. Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali viven esta jornada como una fiesta cultural abierta al público, donde el jazz colombiano también cobra protagonismo.
Músicos como Antonio Arnedo, Lucía Pulido y César López han resaltado en múltiples ocasiones cómo este género ha nutrido la identidad musical del país y ha servido para sanar heridas sociales. En muchos barrios populares, el jazz se enseña hoy como parte de procesos pedagógicos que buscan fortalecer el pensamiento crítico y la creatividad de niños y jóvenes.
Herbie Hancock, leyenda del jazz y embajador de buena voluntad de la UNESCO, reafirmó el espíritu de la fecha:
“El jazz promueve valores que son más necesarios que nunca: el respeto, la empatía y la colaboración. En un mundo lleno de divisiones, esta música nos recuerda que lo diferente no nos separa, nos enriquece.”
Hoy, más que un homenaje nostálgico, el Día Internacional del Jazz se convierte en una declaración colectiva: la cultura puede unir lo que la política a veces separa, y la música puede ser el camino para reencontrarnos como humanidad.







