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Galletas, cereales azucarados, gaseosas, embutidos, comidas congeladas listas para calentar... son parte del día a día de millones de personas en el mundo. Pero un nuevo estudio advierte que abusar de este tipo de alimentos podría tener consecuencias mucho más graves de lo que se pensaba.
La investigación, publicada en la prestigiosa revista American Journal of Preventive Medicine, analizó durante más de una década los hábitos alimenticios de más de medio millón de personas en distintos países. ¿La conclusión? Aquellos que consumían más alimentos ultraprocesados tenían un 25% más de probabilidades de morir prematuramente que quienes llevaban una dieta más natural.
“No se trata de asustar, pero sí de tomar conciencia. Los alimentos ultraprocesados están presentes en casi todos los hogares, pero su impacto sobre la salud es real y muy preocupante”, explicó la doctora Marisa Pérez, especialista en nutrición y parte del equipo investigador.
¿Qué son exactamente los ultraprocesados?
Son productos que pasan por múltiples procesos industriales y contienen ingredientes que normalmente no usaríamos en casa: conservantes, colorantes, saborizantes artificiales, grasas saturadas y azúcares añadidos. Se ven bonitos, saben rico, duran mucho… pero el cuerpo no los digiere igual que una fruta o una comida hecha en casa.
Y lo más grave es que muchos de estos productos se consumen desde la infancia. En lugar de una fruta o un almuerzo casero, cada vez es más común ver a los niños comer snacks de paquete o bebidas azucaradas a diario.
¿Qué efectos tienen?
El estudio los relaciona con enfermedades como:
Obesidad
Diabetes tipo 2
Enfermedades del corazón
Ciertos tipos de cáncer
Incluso deterioro cognitivo y envejecimiento prematuro
Y no es solo una cuestión de salud física. Algunos de estos productos también han sido asociados con trastornos del estado de ánimo, como la depresión.
¿Qué podemos hacer?
Los expertos recomiendan algo muy sencillo, pero poderoso: volver a lo básico. Comer más natural, cocinar en casa cuando sea posible, leer las etiquetas antes de comprar y reducir el consumo de productos envasados. También piden a los gobiernos tomar cartas en el asunto: etiquetado claro, restricciones en la publicidad a menores y campañas de educación nutricional.
“No se trata de eliminarlo todo de golpe, sino de tomar mejores decisiones todos los días. Un cambio pequeño, como cambiar una bebida azucarada por agua o una fruta, ya suma” añadió la doctora Pérez.
La advertencia está sobre la mesa. Si bien estos productos pueden parecer una solución rápida y económica, el precio a largo plazo podría ser mucho más alto de lo que imaginamos.







