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Lo que parecía una reunión tranquila entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, terminó con una frase que ya está dando de qué hablar:
“Canadá no está en venta” dijo Carney, mirando directamente a Trump.
La reunión se llevó a cabo en la Casa Blanca y tenía como objetivo principal hablar sobre temas comerciales. Trump propuso que más empresas estadounidenses puedan invertir en sectores importantes de Canadá, como la energía y la minería. Pero la respuesta de Carney fue clara y firme: Canadá no está en venta ni ahora ni nunca.
Trump, fiel a su estilo, no se quedó callado. Con una sonrisa desafiante, respondió: “Nunca digas nunca”.
El intercambio dejó a todos tensos. Aunque los dos líderes siguieron hablando de otros temas –como el comercio, la tecnología y la relación con China–, está claro que la relación entre ambos países no pasa por su mejor momento.
Estados Unidos y Canadá son vecinos y socios comerciales desde hace décadas. Cada año mueven cientos de miles de millones de dólares en productos, servicios e inversiones. Pero este tipo de declaraciones muestran que, aunque son aliados, también hay diferencias grandes en la forma en la que ven el mundo.
Carney, quien antes fue banquero central y ahora lidera Canadá, busca proteger más los recursos del país. Trump, en cambio, quiere ampliar el poder de las empresas estadounidenses.
Después de la reunión, Carney regresó a Ottawa y repitió su mensaje ante los medios:
“Somos amigos de Estados Unidos, pero no aceptamos presiones. Canadá se respeta”.
Mientras tanto, en redes sociales, miles de canadienses están compartiendo la frase "Canadá no está en venta" como un símbolo de orgullo nacional. Incluso algunos artistas ya han empezado a diseñar camisetas con esa frase.
Aunque no hubo acuerdos concretos, el encuentro dejó en claro algo: entre Trump y Carney, habrá que estar atentos a lo que viene.







