NUEVOS
No todos los vinos pueden cruzar las puertas del Vaticano. De hecho, existe un vino muy específico que es el único autorizado oficialmente para las celebraciones litúrgicas dentro de la Santa Sede: se trata del vino de misa, un tipo de vino natural, sin aditivos, producido bajo estrictas normas eclesiásticas. Pero ¿cuál es exactamente este vino, dónde se consigue y por qué es tan especial?
¿Qué vino se bebe en el Vaticano?
El único vino que se bebe oficialmente dentro del Vaticano es el vino de misa, también llamado vinum liturgicum. Este debe cumplir una serie de requisitos establecidos por el Derecho Canónico y por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Entre sus condiciones esenciales, el vino debe:
Ser puro: sin azúcar añadida, sin saborizantes ni sustancias químicas.
Estar fermentado naturalmente.
Ser de uva exclusivamente y no contener otros tipos de frutas ni derivados.
No estar corrompido o avinagrado.
Uno de los vinos más reconocidos y utilizados en el Vaticano es el producido por los monjes trapenses de la Abadía de Saint-Paul-de-Fenouillet, en el sur de Francia. También destacan los vinos elaborados por las bodegas religiosas italianas, especialmente aquellas del Lazio, la región donde se encuentra Roma.
¿Dónde conseguir este vino?
Aunque no es común en supermercados o tiendas convencionales, el vino de misa puede conseguirse en algunas vinotecas especializadas, tiendas religiosas o directamente en abadías europeas que lo elaboran. Algunas incluso permiten pedidos internacionales a través de sus sitios web oficiales. Entre las más conocidas:
Abadía de Saint-Paul-de-Fenouillet (Francia)
Monasterio de Bose (Italia)
Bodegas de vino litúrgico en Toledo y Navarra (España)
También existen exportadores autorizados que lo distribuyen a diócesis de todo el mundo.
¿Por qué es tan especial?
El vino de misa no es simplemente una bebida. En la liturgia católica, simboliza la sangre de Cristo durante la Eucaristía. Por eso, su pureza es fundamental. No puede ser un vino común, ni industrializado. Cada botella pasa por controles estrictos para garantizar su autenticidad, incluso en muchos casos con el aval del obispo local.
Además, en el Vaticano, este vino no solo se utiliza en ceremonias, sino que puede formar parte de ciertos encuentros religiosos privados y cenas oficiales con miembros del clero de alto rango, como los cardenales y el propio Papa.
Curiosidad final
A pesar de los avances tecnológicos, el Vaticano sigue prefiriendo vinos que respetan la tradición ancestral de la viticultura monástica. En otras palabras, el vino más antiguo del mundo sigue siendo el elegido para uno de los rituales más sagrados de la humanidad.







