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En la madrugada del lunes, la Casa Blanca confirmó que Estados Unidos lanzó una serie de ataques aéreos coordinados contra tres instalaciones nucleares estratégicas en Irán: Fordow, Natanz e Isfahán. En un mensaje transmitido desde la Sala Oval, el presidente Donald J. Trump aseguró que la operación fue una respuesta defensiva ante lo que calificó como una amenaza creciente por parte del régimen iraní.
“Estados Unidos no permitirá que regímenes hostiles amenacen la paz del mundo libre con ambiciones nucleares. Esta acción fue defensiva, precisa y necesaria”, declaró el mandatario.
La ofensiva, denominada "Operación Martillo de Medianoche", contó con el apoyo de inteligencia satelital y la participación de fuerzas aéreas aliadas. Según la Casa Blanca, los daños provocados en las instalaciones nucleares han sido “monumentales”, marcando el ataque más directo de EE. UU. contra Irán desde 2010.
Objetivos del ataque
Fordow: instalación subterránea construida en una antigua base militar.
Natanz: centro principal de enriquecimiento de uranio.
Isfahán: planta de conversión de uranio y desarrollo de componentes nucleares.
Estas instalaciones habían sido objeto de vigilancia internacional durante años. En los últimos meses, Irán elevó su nivel de enriquecimiento de uranio por encima del 60 %, lo que generó alarma en la comunidad internacional ante una posible carrera armamentista.
Reacciones internacionales
El gobierno iraní aún no ha informado cifras oficiales de víctimas ni del alcance de los daños. Sin embargo, medios estatales han reportado "pérdidas humanas y materiales significativas".
La comunidad internacional reaccionó con preocupación:
La Unión Europea solicitó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Rusia y China condenaron el ataque, calificándolo como una “violación del derecho internacional”.
Israel, en cambio, expresó su total respaldo a la acción militar de EE. UU.







