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La Unión Europea no se quedará de brazos cruzados ante los nuevos aranceles del 25% que Estados Unidos ha impuesto a las exportaciones de autos europeos. Así lo dejó claro este lunes la Comisión Europea, que confirmó el inicio de conversaciones diplomáticas con Washington mientras prepara “contramedidas robustas” para defender uno de sus sectores económicos más importantes.
La industria automotriz representa nada menos que el 7% del PIB europeo y sostiene más de 13 millones de empleos en todo el continente. No es casualidad que Bruselas haya reaccionado con rapidez: estos aranceles suponen un golpe directo a la columna vertebral industrial de países como Alemania, Francia e Italia.
“Esta decisión no solo es injustificada, también es peligrosa para la estabilidad del comercio global”, afirmó Valdis Dombrovskis, vicepresidente de la Comisión Europea. Desde su punto de vista, la acción de la administración Trump rompe con las reglas del juego que ambas potencias han defendido durante décadas.
Pero la respuesta europea no se limitará a palabras. Entre las opciones que se barajan están la imposición de aranceles espejo sobre productos estratégicos estadounidenses como maquinaria, alimentos y textiles, así como recurrir formalmente a la Organización Mundial del Comercio. También se están estudiando ayudas económicas para amortiguar el impacto sobre las empresas europeas más afectadas.
A pesar del tono firme, Bruselas no ha cerrado la puerta al diálogo. De hecho, ya hay una reunión prevista entre funcionarios europeos y representantes del Departamento de Comercio de EE. UU., que se celebrará este jueves 10 de abril en Ginebra. El objetivo: desescalar la tensión antes de que se convierta en una guerra comercial abierta.
“Nuestra prioridad es defender los intereses europeos, pero también creemos en el diálogo y en la diplomacia. Aún estamos a tiempo de encontrar una salida sensata”concluyó Dombrovskis.
La pelota, por ahora, está en el tejado de Washington.







